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En Copiapó, 800 kilómetros al norte de Santiago de Chile, y en una cueva bajo tierra a una profundidad de 700 metros, allí­ se encuentran los 33 mineros que quedaron atrapados en una mina de oro y cobre mientras estaban trabajando. La noticia ha dado la vuelta al mundo porque dieron las primeras señales de vida 17 dí­as después de que se quedaran atrapados, y también porque su rescate podrí­a prolongarse hasta tres meses, dado el gran peligro que existe de derrumbamiento si la operación de salvamento se realizara de forma incorrecta. Con comida, oxí­geno y agua suficiente, lo único que necesitaban eran un contacto con la superficie para recibir las medicinas que necesitaran. Gracias a las «palomas», unos tubos de siete centí­metros de diámetro, se les ha hecho llegar todo lo necesario, entre estas cosas consolas PSP para que puedan entretenerse durante el tiempo que van a tardar en rescatarlos.

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Al parecer, se les han enviado miniproyectores y unos pequeños altavoces de alta potencia, con los cuales podrán hacer un pequeño cine en la mina. Según el psicólogo encargado de la misión de rescate, este tipo de esparcimiento les ayudará a distraerse y a olvidar la carga que tienen sobre ellos y la incertidumbre sobre qué ocurrirá cuando se acerquen a la zona del derrumbamiento. Por otra parte, los dispositivos que han recibido no son suficientes como para abstraerlos del verdadero instinto de supervivencia, que es necesario que mantengan en todo momento, de tal forma que, aunque las consolas PSP servirán para distraerlos, nunca les perjudicarán.

Aunque las baterí­as de las consolas PSP podrí­an ser un problema, tienen baterí­as de coche en la mina, con las cuales se están abasteciendo de energí­a. No obstante, hay previsión de que les faciliten una conexión de corriente a la red eléctrica a través de las palomas, que les permitirá recargar las baterí­as de la consola. Veremos cómo se desarrolla la situación de estos 33 mineros, y esperemos que todo se solucione sin más contratiempos.