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Los editores de la revista y televisión en lí­nea G4, han decidido someter a una prueba extrema al sistema de control Kinect. Hasta ahora nada que se salga de lo normal, todas las revistas y las páginas de Internet han decidido probarlo. Para distinguirse de todos los demás, los de la revista han contratado los servicios de una de las mayores autoridades cientí­ficas en videojuegos del planeta, la actriz porno Kirsten Price.

La experta decidió plantear una baterí­a de test que respondieran a preguntas que están en la mente de todos los usuarios, como por ejemplo, ¿te reconoce el sistema de reconocimiento de Kinect cuando bizqueas? ¿y si te pones un parche en un ojo? ¿Influye sobre los resultados del juego el tipo de ropa que llevas?, y sobre todo, si el sistema censura cierto tipo de imágenes. Las pruebas se desarrollaron en el laboratorio de la revista, en medio de una gran expectación y a puerta cerrada con un cámara y la maquilladora, mientras los redactores más jóvenes arañaban la puerta intentando entrar.

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Para averiguar si el aspecto es importante a la hora de obtener rendimiento del sistema Kinect, se lo hicieron manejar primero al redactor jefe, un caballero que parece el fruto del experimento de un cientí­fico loco entre una morsa y un buldog. Una vez el bulto sospechoso terminó la prueba, hizo los mismos movimientos la actriz porno, demostrando que el aspecto tiene bien poco que ver. Para comprobar si el sistema de reconocimiento funciona de forma óptima, la joven se puso una máscara, unas gafas de piloto, y una barba postiza. El sistema sólo la reconoció en este último caso.

Con respecto a la vestimenta, practicó diversos juegos con una parka, una falda hasta los pies, un vestido de colegiala seis tallas menor, y un disfraz de mapache. El reconocimiento falló en el disfraz de mapache, y se recalentó con el vestido de colegiala. La última prueba pretendí­a averiguar si hay censura de las sesiones de video. Para ello, la señorita Price, arrastrada por su entusiasmo cientí­fico, se despojó de la ropa, y del diminuto bikini que llevaba debajo, quedando técnicamente desnuda. Acto seguido inició una conferencia de videochat con un ordenador situado en la redacción. Los aullidos que atravesaron las paredes le permitieron comprobar que no hay ningún tipo de censura en el sistema Kinect. Desde ese momento, y a puerta cerrada, se dedicó a hacer diversos ejercicios gimnásticos individuales que seguro le serán muy útiles en su próxima pelí­cula.

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