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El sistema que pretende revolucionar el mercado de los videojuegos llega en unos dí­as. Se llama OnLive, y es una plataforma virtual que basicamente funciona como YouTube. En lugar de cargar el juego en una consola, accedemos a un servidor a través de Internet y jugamos de forma streaming. Es decir: nunca descargamos el juego, sino que vamos accediendo a él a medida que vamos completándolo.

OnLive se compone de dos partes. Por un lado, un mando inalámbrico que incluye accesos de reproducción multimedia; por otro, la interfaz que va conectada al ordenador o al televisor y que sirve para acceder a la plataforma online (dispone de un sensor Wi-Fi). El conjunto vale 100 dólares (unos 73 euros, al cambio actual), y permite hacerse con juegos en dos modalidades: a través de un acceso ilimitado (como si lo comprásemos) o alquilándolo por dí­as.

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Cuando empezó a hablar de OnLive lo que más procupó a los jugones era la calidad del catálogo. Pero echando un vistazo a los tí­tulos disponibles, desaparecen todos los miedos: los juegos se van actualizando casi de forma simultánea con los mismos lanzamientos que los de las plataformas de alta definición, de modo que podemos hacernos, por ejemplo, con Assassin’s Creed: Brotherhood, Batman: Arkham Asylum, NBA 2k11, Mafia II o Kane & Lynch II, entre otras opciones.

En cuanto a los precios, en función del tipo de juego o de si es una novedad, la cosa cambia. Los juegos más caros que hemos visto en modo de «full pass» (para que puedas jugarlos cada vez que quieras) llegan a los 50 dólares (poco más de 36 euros, al cambio) de Mafia II, mientras que la barrera de los más asequibles está en diez dólares (unos 7,25 euros, al cambio de divisas).

Si nos paramos a ver las opciones de alquiler por dí­as, las fórmulas más repetidas son de tres y cinco dí­as, por precios que oscilan entre los cinco y los nueve dólares (entre 3,7 y 6,6 euros, en nuestra moneda). Sin embargo, el gran fallo que podrí­amos encontrarnos, al menos en España, con este sistema OnLive está en la necesidad de tener una buena conexión para que funcione correctamente. Aunque la calidad de imagen no están a la altura de los que verí­amos en un juego de disco, el resultado es más que digno, aunque para ello sea preciso un ancho de banda considerable.